
Era una desolada y olvidada parte del cementerio de la familia Vlad Draculia en Transilvania ubicada a unos kilómetros del castillo abandonado perteneciente al conde Dracul.
Nadie se atrevía aventurarse por temor a la maldición del “Vampir” en el paraje donde reinan las tierras malditas. El visitante llegó en pocas horas, bajó del vagón de pasajeros con su equipaje, se asombra al ver un carruaje que casualmente lo esperaba, habla con el gitano conductos, sube al transporte y empieza el corto viaje hacia el castillo, a la media hora llega a su destino, baja, desde el portón alcanza a ver a un anciano que con una antorcha en su mano y una sonrisa pícara en su rostro lo invita a pasar. Un silencio solo quebrado por la voz del noble diciendo, -“Disculpe el desorden, es que no acostumbro a las visitas”- no dijo nada más, sólo que por favor lo disculpe pero que el ya había cenado y que nunca tomaba vino, lo guió hasta la habitación, se despidió y al término de su frase le dijo” – por ninguna razón duerma en la otra parte del castillo, es viejo…Cerró la puerta y se dispuso a dormir. Al otro día sentió una gran molestia en el cuello se levantó y miró en el espejo y vio dos agujeros en su cuello como hechos por un bolígrafo. En dos días todos se preguntarían en su hogar donde se encontraba, en dos semanas lo creerían muerto y en dos años se encontrarían con un cuerpo sin vida de un hombre en estado de descomposición, en un bosque cerca del castillo abandonado. Nunca se identificaría el cuerpo, pero sus ropas harapientas y desgarrados con manchas grandes de sangre, probarían que eran del inspector no se sabe que lo mató, ni como murió solo se encontró el cuerpo en el bosque y luego se olvidó el caso.
Nadie se atrevía aventurarse por temor a la maldición del “Vampir” en el paraje donde reinan las tierras malditas. El visitante llegó en pocas horas, bajó del vagón de pasajeros con su equipaje, se asombra al ver un carruaje que casualmente lo esperaba, habla con el gitano conductos, sube al transporte y empieza el corto viaje hacia el castillo, a la media hora llega a su destino, baja, desde el portón alcanza a ver a un anciano que con una antorcha en su mano y una sonrisa pícara en su rostro lo invita a pasar. Un silencio solo quebrado por la voz del noble diciendo, -“Disculpe el desorden, es que no acostumbro a las visitas”- no dijo nada más, sólo que por favor lo disculpe pero que el ya había cenado y que nunca tomaba vino, lo guió hasta la habitación, se despidió y al término de su frase le dijo” – por ninguna razón duerma en la otra parte del castillo, es viejo…Cerró la puerta y se dispuso a dormir. Al otro día sentió una gran molestia en el cuello se levantó y miró en el espejo y vio dos agujeros en su cuello como hechos por un bolígrafo. En dos días todos se preguntarían en su hogar donde se encontraba, en dos semanas lo creerían muerto y en dos años se encontrarían con un cuerpo sin vida de un hombre en estado de descomposición, en un bosque cerca del castillo abandonado. Nunca se identificaría el cuerpo, pero sus ropas harapientas y desgarrados con manchas grandes de sangre, probarían que eran del inspector no se sabe que lo mató, ni como murió solo se encontró el cuerpo en el bosque y luego se olvidó el caso.
Autor: Lautaro Díaz
2º 5º Secundaria
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